Dichosos…


El valle del dichoso
septiembre 17, 2008, 3:39 pm
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Dichoso el que tiene en ti su fortaleza,
que sólo piensa en recorrer tus sendas. 
Cuando pasa por el valle de las Lágrimas
lo convierte en región de manantiales;
también las lluvias tempranas
cubren de bendiciones el valle.
Salmos 84:5-6

Desde pequeños nos enseñaron a ser independientes y a defendernos con nuestro propio esfuerzo. Nos enseñaron a ser competitivos y a nunca dejarnos vencer. Aún siendo adultos, nos siguen bombardeando con toda clase de mensajes dirigidos a exaltar nuestras capacidades internas y a querer convencernos que somos dioses y que tenemos el poder.

Nuestro adversario ha tergiversado y manipulado muchos de estos mensajes para hacernos pensar que no necesitamos a Dios en nuestras vidas, ni siquiera en los momentos más difíciles.

La palabra de Dios nos aclara el asunto y nos indica la posición que debemos asumir ante los embates de la vida. En primer lugar tenemos que reconocer que nuestra fortaleza está en Dios y no en nosotros. Segundo, debemos reconocer que los caminos que transitamos, cuando verdaderamente buscamos de su presencia, son los caminos que él ha elegido para que nosotros andemos en ellos.

Si interiorizamos esta gran verdad, aunque atravesemos valles de lágrimas, nos daremos cuenta que son regiones de manantiales donde podremos calmar nuestra sed y saciarnos del agua de vida que Dios ha preparado para nosotros.

¡Que bendición!

 

Nueva Versión Internacional (NVI)

Copyright © 1999 by International Bible Society.

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La dicha de la presencia de Dios
agosto 17, 2008, 10:14 am
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Dichoso el que habita en tu templo,
pues siempre te está alabando.
Salmos 84:4

Una de las bases de la dicha verdadera es el disfrute de la presencia de Dios. Para poder disfrutar de la presencia de Dios es necesario que exista una estrecha relación entre Dios y tú. Esa relación, al igual que cualquier relación, es necesario cultivarla. Ese cultivo tendrá éxito si parte de un deseo genuino y se aplican los métodos adecuados.

La alabanza continua refuerza notablemente esa relación, por cuanto la alabanza es el propósito de nuestra creación. La alabanza no fingida surge de corazones agradecidos y el agradecimiento se genera a partir del disfrute y reconocimiento de las bendiciones que Dios nos ha concedido.

Si tu cuerpo es el templo del Espíritu Santo de Dios y en tu boca y tu corazón está la alabanza y el agradecimiento a Dios por sus inagotables bendiciones, eres en verdad dichoso.

 

Nueva Versión Internacional (NVI)

Copyright © 1999 by International Bible Society.

 




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