Dichosos…


El creyente dichoso
octubre 11, 2008, 10:17 am
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Les respondió Jesús:
-Vayan y cuéntenle a Juan lo que están viendo y oyendo: Los ciegos ven, los cojos andan, los que tienen lepra son sanados, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncian las buenas nuevas. Dichoso el que no tropieza por causa mía.
Mateo 11:4-6

¿Qué opinas o qué piensas de Jesús? ¿Qué es lo que verdaderamente crees acerca de él? ¿Cuál es la imagen que te han transmitido o que te has hecho de él? Aunque no lo parezca, estas preguntas son muy importantes para tu vida y tu futuro. De la respuesta que des a ellas depende si serás una persona dichosa o una persona amargada.

Muchos están convencidos de que el Señor Jesús fue solamente un gran maestro de la ley y una persona buena y carismática con una gran personalidad y capacidad para convencer a las masas. Piensan que los milagros que hizo fueron algo mítico, productos de la imaginación de las bienintencionadas pero calenturientas mentes de quienes los seguían. Según estas personas Jesús fue un gran hombre pero nada especial más allá de lo que pudieron haber sido otros grandes hombres.

Un segundo grupo de personas prefiere pensar en términos críticos y negativos hasta el punto de señalar al Señor Jesús como un gran mentiroso y engañador. Por supuesto que para ellos, todos los seguidores del Jesus también son personas engañadas o engañadoras.

Los creyentes por el contrario, estamos plenamente convencidos de que el Señor Jesus es quien él dijo que era, el hijo de Dios, el creador del universo y nuestro Salvador.

Si tú posición en cuanto a quien es verdaderamente Jesús es contraria a lo que él dice acerca de sí mismo en su palabra, entonces tu tropiezas por causa de él y esto te acarreará graves consecuencias. ¿Qué más te hace falta para creer en él y pasar a ser una persona dichosa?

 

Nueva Versión Internacional (NVI) Copyright © 1999 by International Bible Society.


El falso dichoso
septiembre 2, 2008, 9:18 pm
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No te asombre ver que alguien se enriquezca
y aumente el esplendor de su casa, 
porque al morir no se llevará nada,
ni con él descenderá su esplendor. 
Aunque en vida se considere dichoso,
y la gente lo elogie por sus logros, 
irá a reunirse con sus ancestros,
sin que vuelva jamás a ver la luz.
Salmos 49:16-19

Hay que saber diferenciar muy bien entre la verdadera dicha, la que viene de Dios, y la falsa dicha que es la dicha que nos vendido el mundo. Esta última está cubierta de oropel y es más falsa que un billete de tres dólares.

Lamentablemente desde pequeños hemos sido enseñados que la felicidad sólo pueder ser obtenida cuando hemos resuelto nuestra situación financiera y hemos establecido una fortuna que supuestamente nos garantizará que no pasaremos por problemas.

Si de algo podemos estar seguros es que las riquezas son pasajeras e inestables y que poner nuestra confianza y esperanza en ellas es la estupidez más grande que podamos cometer.

Nunca, nunca te dejes engañar por la falsa dicha. No busques la dicha en las riquezas porque saldrás decepcionado (y agotado). Si quieres la dicha verdadera busca a Dios. Nunca serás decepcionado.

 

Nueva Versión Internacional (NVI)

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