Dichosos…


La dicha del llanto
junio 2, 2009, 1:28 pm
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Dichosos los que lloran,
porque serán consolados

Mateo 5:4

 

Llanto. Llorar es  lo primero que hacemos todos los seres humanos tan pronto salimos del vientre de nuestras madres. El llanto es una emoción incontrolable que nos desahoga. Se puede hasta llorar de alegría aunque lo más común es que se llore por un fuerte dolor o a causa de una profunda tristeza. Dependiendo del temperamento, a unos se nos hace mas fácil llorar que a otros. Culturalmente se nos ha inculcado que los hombre no deben llorar y ésto ha sido motivo de graves consecuencias en nuestra salud al no permitirle un escape o  salida a nuestras emociones. Esas emociones reprimidas luego se somatizan y producen graves enfermedades.

Es bueno llorar. Cuando llegamos al punto de tener que desahogar nuestro dolor mediante el llanto,  es bueno también  tener un brazo amigo sobre nuestros hombros que nos consuele y nos devuelva la tranquilidad y el equilibrio que tanto ansiamos.

El Espíritu Santo de Dios cumple esa función vital en nuestras vidas.  Él es el Consolador que vino al mundo a devolvernos la paz y el contentamiento. Él nos guía a la aceptación de todo lo que nos sucede aun cuando parezca ser no conveniente. Recordemos que para los que amamos a Dios, todas las cosas han sido dispuestas para nuestro bien.

Si estás en una situación en la cual las lágrimas humedecen con mucha frecuencia tus ojos, recuerda que el Espíritu de Dios quiere consolarte. Acude a él. La dicha que sólo Dios puede conceder será para ti. Serás en verdad  una persona dichosa.



Dichosos los pobres en espíritu

Dichosos los pobres en espíritu,
porque el reino de los cielos les pertenece.
Mateo 5:3

Con una serie de afirmaciones mejor conocidas como “las Bienaventuranzas” el Señor Jesús da inicio a su magistral Sermón del Monte predicado a las grandes multitudes que lo seguían de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y de la otra ribera del Río Jordán. Su fama se había extendido en muy corto tiempo por toda la región en virtud de su impactante ministerio de enseñanza y sanidad. Todos los que padecían diversas enfermedades, dolores graves, epilepsia, posesiones diábolicas y parálisis acudían a él y eran sanados. La esperanza brillaba de nuevo para el pueblo de Israel.

Se les llama bienaventuranzas porque la palabra “bienaventurados” era la que mejor traducía al español el original griego “makarios” a finales del siglo 16. Hoy, cuatro siglos más tarde, preferimos traducir “Dichosos” en vez de “bienaventurados” para mayor claridad y compresión.

Estas afirmaciones del Señor Jesús son una explicación del por que quienes se encuentran en un visible estado de destitución, carencia e indefensión deben considerarse las personas más dichosas de la tierra por cuanto llegará el momento en que serán ampliamente recompensadas y premiadas con una posición diametralmente opuesta a la que se encuentran actualmente, llena de bendiciones y bienestar.

Muchas interpretaciones se han adelantado para explicar lo que quiso decir el Señor Jesús cuando se refirió a los pobres en espíritu. No creo que caiga en herejía si me atrevo a adelantar mi propia interpretación. Creo que el Señor hablaba de aquellas personas que han sufrido decepciones, fracasos, engaños, abusos, descalificaciones y maltratos al punto tal que han perdido todo ánimo y motivación para continuar adelante. Son personas de corazón quebrantado por múltiples traumatismos y problemas.

Estas personas deben considerarse dichosas por cuanto entrarán en posesión del reino de los cielos lo cual es infinitamente mucho más valioso y compensatorio que cualquier otra cosa para alguien que se encuentra en situación de indigencia o de abundancia, inclusive.

Si hoy tu corazón está quebrantando pon tu mirada en el galardón que recibirás cuando el Señor Jesús vuelva y se establezca el reino de los cielos.

 

Nueva Versión Internacional (NVI) Copyright © 1999 by International Bible Society.