Archivado en: Reflexiones | Etiquetas: dicha verdadera, engaño, esplendor, falsa dicha, riquezas, Salmo 49
No te asombre ver que alguien se enriquezca
y aumente el esplendor de su casa,
porque al morir no se llevará nada,
ni con él descenderá su esplendor.
Aunque en vida se considere dichoso,
y la gente lo elogie por sus logros,
irá a reunirse con sus ancestros,
sin que vuelva jamás a ver la luz.
Salmos 49:16-19
Hay que saber diferenciar muy bien entre la verdadera dicha, la que viene de Dios, y la falsa dicha que es la dicha que nos vendido el mundo. Esta última está cubierta de oropel y es más falsa que un billete de tres dólares.
Lamentablemente desde pequeños hemos sido enseñados que la felicidad sólo pueder ser obtenida cuando hemos resuelto nuestra situación financiera y hemos establecido una fortuna que supuestamente nos garantizará que no pasaremos por problemas.
Si de algo podemos estar seguros es que las riquezas son pasajeras e inestables y que poner nuestra confianza y esperanza en ellas es la estupidez más grande que podamos cometer.
Nunca, nunca te dejes engañar por la falsa dicha. No busques la dicha en las riquezas porque saldrás decepcionado (y agotado). Si quieres la dicha verdadera busca a Dios. Nunca serás decepcionado.
Nueva Versión Internacional (NVI)
Copyright © 1999 by International Bible Society.
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