Archivado en: Bienaventuranzas | Etiquetas: Consolador, consuelo, dicha, llanto, llorar, Mateo

Dichosos los que lloran,
porque serán consolados
Mateo 5:4
Llanto. Llorar es lo primero que hacemos todos los seres humanos tan pronto salimos del vientre de nuestras madres. El llanto es una emoción incontrolable que nos desahoga. Se puede hasta llorar de alegría aunque lo más común es que se llore por un fuerte dolor o a causa de una profunda tristeza. Dependiendo del temperamento, a unos se nos hace mas fácil llorar que a otros. Culturalmente se nos ha inculcado que los hombre no deben llorar y ésto ha sido motivo de graves consecuencias en nuestra salud al no permitirle un escape o salida a nuestras emociones. Esas emociones reprimidas luego se somatizan y producen graves enfermedades.
Es bueno llorar. Cuando llegamos al punto de tener que desahogar nuestro dolor mediante el llanto, es bueno también tener un brazo amigo sobre nuestros hombros que nos consuele y nos devuelva la tranquilidad y el equilibrio que tanto ansiamos.
El Espíritu Santo de Dios cumple esa función vital en nuestras vidas. Él es el Consolador que vino al mundo a devolvernos la paz y el contentamiento. Él nos guía a la aceptación de todo lo que nos sucede aun cuando parezca ser no conveniente. Recordemos que para los que amamos a Dios, todas las cosas han sido dispuestas para nuestro bien.
Si estás en una situación en la cual las lágrimas humedecen con mucha frecuencia tus ojos, recuerda que el Espíritu de Dios quiere consolarte. Acude a él. La dicha que sólo Dios puede conceder será para ti. Serás en verdad una persona dichosa.
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Les respondió Jesús:
-Vayan y cuéntenle a Juan lo que están viendo y oyendo: Los ciegos ven, los cojos andan, los que tienen lepra son sanados, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncian las buenas nuevas. Dichoso el que no tropieza por causa mía.
Mateo 11:4-6
¿Qué opinas o qué piensas de Jesús? ¿Qué es lo que verdaderamente crees acerca de él? ¿Cuál es la imagen que te han transmitido o que te has hecho de él? Aunque no lo parezca, estas preguntas son muy importantes para tu vida y tu futuro. De la respuesta que des a ellas depende si serás una persona dichosa o una persona amargada.
Muchos están convencidos de que el Señor Jesús fue solamente un gran maestro de la ley y una persona buena y carismática con una gran personalidad y capacidad para convencer a las masas. Piensan que los milagros que hizo fueron algo mítico, productos de la imaginación de las bienintencionadas pero calenturientas mentes de quienes los seguían. Según estas personas Jesús fue un gran hombre pero nada especial más allá de lo que pudieron haber sido otros grandes hombres.
Un segundo grupo de personas prefiere pensar en términos críticos y negativos hasta el punto de señalar al Señor Jesús como un gran mentiroso y engañador. Por supuesto que para ellos, todos los seguidores del Jesus también son personas engañadas o engañadoras.
Los creyentes por el contrario, estamos plenamente convencidos de que el Señor Jesus es quien él dijo que era, el hijo de Dios, el creador del universo y nuestro Salvador.
Si tú posición en cuanto a quien es verdaderamente Jesús es contraria a lo que él dice acerca de sí mismo en su palabra, entonces tu tropiezas por causa de él y esto te acarreará graves consecuencias. ¿Qué más te hace falta para creer en él y pasar a ser una persona dichosa?
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Dichosos los pobres en espíritu,
porque el reino de los cielos les pertenece.
Mateo 5:3
Con una serie de afirmaciones mejor conocidas como “las Bienaventuranzas” el Señor Jesús da inicio a su magistral Sermón del Monte predicado a las grandes multitudes que lo seguían de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y de la otra ribera del Río Jordán. Su fama se había extendido en muy corto tiempo por toda la región en virtud de su impactante ministerio de enseñanza y sanidad. Todos los que padecían diversas enfermedades, dolores graves, epilepsia, posesiones diábolicas y parálisis acudían a él y eran sanados. La esperanza brillaba de nuevo para el pueblo de Israel.
Se les llama bienaventuranzas porque la palabra ”bienaventurados” era la que mejor traducía al español el original griego “makarios” a finales del siglo 16. Hoy, cuatro siglos más tarde, preferimos traducir “Dichosos” en vez de “bienaventurados” para mayor claridad y compresión.
Estas afirmaciones del Señor Jesús son una explicación del por que quienes se encuentran en un visible estado de destitución, carencia e indefensión deben considerarse las personas más dichosas de la tierra por cuanto llegará el momento en que serán ampliamente recompensadas y premiadas con una posición diametralmente opuesta a la que se encuentran actualmente, llena de bendiciones y bienestar.
Muchas interpretaciones se han adelantado para explicar lo que quiso decir el Señor Jesús cuando se refirió a los pobres en espíritu. No creo que caiga en herejía si me atrevo a adelantar mi propia interpretación. Creo que el Señor hablaba de aquellas personas que han sufrido decepciones, fracasos, engaños, abusos, descalificaciones y maltratos al punto tal que han perdido todo ánimo y motivación para continuar adelante. Son personas de corazón quebrantado por múltiples traumatismos y problemas.
Estas personas deben considerarse dichosas por cuanto entrarán en posesión del reino de los cielos lo cual es infinitamente mucho más valioso y compensatorio que cualquier otra cosa para alguien que se encuentra en situación de indigencia o de abundancia, inclusive.
Si hoy tu corazón está quebrantando pon tu mirada en el galardón que recibirás cuando el Señor Jesús vuelva y se establezca el reino de los cielos.
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Archivado en: Reflexiones | Etiquetas: amor, camino perfecto, corrección, disciplina, sabiduría, Salmo 94, tranquilidad
Dichoso aquel a quien tú, Señor, corriges;
aquel a quien instruyes en tu ley,
para que enfrente tranquilo los días de aflicción
mientras al impío se le cava una fosa.
Salmos 94:12-13
Otro de los secretos de la dicha del cristiano es que éste se halla bajo la corrección de Dios. El Padre instruye a sus hijos con sabiduría en la manera como deben comportarse para honrar con su ejemplo a su Padre celestial. El cristiano se porta bien para agradar a Dios y no para ganar salvación. Ya el asunto de la salvación fue solucionado por Jesucristo mediante su muerte redentora. A esta obra de salvación no hace falta agregarle más por cuanto es completa, suficiente y definitiva.
Si queremos agradar a Dios debemos mantenernos en el camino de justicia. Si nos desviamos, la amorosa mano de Dios nos corregirá para encauzarnos de nuevo en la senda correcta. El resultado es nuestra santificación y crecimiento espiritual. Como bono recibimos la tranquilidad y la paz en medio de la tormenta y la aflicción. Este beneficio no lo pueden disfrutar los impíos quienes bajan al sepulcro sin esperanza.
Deléitate cuando estés bajo la corrección de Dios.
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Archivado en: Reflexiones | Etiquetas: compasión, esperanza, Isaías, justicia, misericordia, paciencia, perdón, piedad
Por eso el Señor los espera, para tenerles piedad;
por eso se levanta para mostrarles compasión.
Porque el Señor es un Dios de justicia.
¡Dichosos todos los que en él esperan!
Isaías 30:18
La compasión y la misericordia de Dios son algo realmente maravilloso. Cuando las analizamos estrictamente desde el punto de vista de la razón humana nos encontramos con que no podemos darle una explicación racional. Es algo que va mucho más allá de nuestra comprensión. El hecho de que no entendamos estas acciones de Dios no significa que no sean reales y ciertas.
La maravillosa realidad es que Dios siempre aguarda por nosotros. Si estamos alejados de él, él nos espera con ansia que regresemos a su lado como el padre del hijo pródigo. Su compasión siempre está disponible y lista para cubrirnos de perdón por muy mal que nos hayamos portado.
La obra de nuestro Señor Jesucristo en la cruz del calvario es poderosa y suficiente para cumplir con todos los requisitos de la justicia con relación a nuestras faltas y está disponible para nosotros, tan sólo con acercarnos a Dios con corazones arrepentidos.
Por eso, el hijo de Dios es dichoso. Todos los que hemos puesto nuestra esperanza en Dios somos dichosos y nadie ni nada nos podrá apartar del amor de Dios.
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Archivado en: Reflexiones | Etiquetas: bendiciones, dificultades, fortaleza, manantiales, Salmo 84, sendas, valle
Dichoso el que tiene en ti su fortaleza,
que sólo piensa en recorrer tus sendas.
Cuando pasa por el valle de las Lágrimas
lo convierte en región de manantiales;
también las lluvias tempranas
cubren de bendiciones el valle.
Salmos 84:5-6
Desde pequeños nos enseñaron a ser independientes y a defendernos con nuestro propio esfuerzo. Nos enseñaron a ser competitivos y a nunca dejarnos vencer. Aún siendo adultos, nos siguen bombardeando con toda clase de mensajes dirigidos a exaltar nuestras capacidades internas y a querer convencernos que somos dioses y que tenemos el poder.
Nuestro adversario ha tergiversado y manipulado muchos de estos mensajes para hacernos pensar que no necesitamos a Dios en nuestras vidas, ni siquiera en los momentos más difíciles.
La palabra de Dios nos aclara el asunto y nos indica la posición que debemos asumir ante los embates de la vida. En primer lugar tenemos que reconocer que nuestra fortaleza está en Dios y no en nosotros. Segundo, debemos reconocer que los caminos que transitamos, cuando verdaderamente buscamos de su presencia, son los caminos que él ha elegido para que nosotros andemos en ellos.
Si interiorizamos esta gran verdad, aunque atravesemos valles de lágrimas, nos daremos cuenta que son regiones de manantiales donde podremos calmar nuestra sed y saciarnos del agua de vida que Dios ha preparado para nosotros.
¡Que bendición!
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Archivado en: Reflexiones | Etiquetas: adversario, dicha, Dios, mentiras, retribución, satisfacción, servicio, verdad
Dichosos los siervos a quienes su señor encuentre pendientes de su llegada. Créanme que se ajustará la ropa, hará que los siervos se sienten a la mesa, y él mismo se pondrá a servirles.
Lucas 12:37
El orgullo y la altivez de muchos ha logrado que la palabra siervo tenga una connotación negativa. Muchas personas creen que por servir a otros pierden dignidad y status. Todo esto no es más que otra de las grandes mentiras del adversario, que ha logrado que sus engaño sea aceptado como una gran verdad.
La gran verdad es muy diferente. La gran verdad es que no existe nada más importante que servir al prójimo. Ya el Señor Jesús lo aclaró muy bien cuando indicó que « el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor » y « el Hijo del hombre no vino para que le sirvan, sino para servir ». ¿Crees que haga falta buscar un mejor ejemplo?
El servicio produce dicha y satisfacción de haber cumplido la encomienda que nos ha dejado nuestro Señor. Nuestro servicio a Dios será retribuido con infinitas creces por Dios mismo. ¿Podrá existir mayor y mejor retribución? Lo dudo.
Dedícate al servicio y disfruta de la dicha que Dios concede a quienes le sirven de corazón.
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Archivado en: Reflexiones | Etiquetas: alegría, dicha, fuerzas, gloria, justicia, poder, presencia de Dios, regocijo, Salmo 89, vicisitudes
Dichosos los que saben aclamarte, Señor,
y caminan a la luz de tu presencia;
los que todo el día se alegran en tu nombre
y se regocijan en tu justicia.
Porque tú eres su gloria y su poder;
por tu buena voluntad aumentas nuestra fuerza.
Salmos 89:15-17
Las bases emocionales de la dicha son la alegría y el regocijo. Pero no cualquier clase de alegría ni cualquier clase de regocijo. La alegría de la cual hablamos es una alegría especial. Es una emoción agradable que surge de la relación que mantenemos con Dios. La presencia de Dios es la razón de esta alegría y no hay nada que se le compare.
Por otro lado está esa ansia fundamental de todo ser humano que se conoce con el nombre de justicia. El saber que Dios, la fuente de la justicia, nos conoce y nos trata como hijos suyos, es motivo de regocijo. Es saber que formamos parte del equipo ganador, de quienes hacen las cosas bien, como debe ser.
Saber que todo lo podemos, que formamos parte del plan de Dios, que somos creaturas especiales, que tenemos una capacidad especial para enfrentar las vicisitudes de la vida, que estamos especialmente protegidos y que Dios vive en nuestro corazón, todo esto es la base de nuestra dicha.
Archivado en: Reflexiones | Etiquetas: conocimiento de Dios, dicha verdadera, inteligencia, Proverbios, riquezas, sabiduría
Dichoso el que halla sabiduría,
el que adquiere inteligencia.
Porque ella es de más provecho que la plata
y rinde más ganancias que el oro.
Es más valiosa que las piedras preciosas:
¡ni lo más deseable se le puede comparar!
Proverbios 3:13-15
Ya lo hemos dicho y lo repetimos, el fundamento de la dicha no son las riquezas. El fundamento de la dicha es la sabiduría. Estoy hablando de la verdadera sabiduría, la que viene de lo alto, la que nos acerca a Dios y nos enseña la obediencia y el respeto hacia él. No la sabiduría mundana que es mero conocimiento y aparente sentido común y racionalidad que cambia tan a menudo que nos ha hecho llegar al desastre de postmodernismo y sus ambigüedades.
Lamentablemente el mundo ha tratado de alcanzar la sabiduría mediante la filosofía. Algo muy somero ha conseguido mas la filosofía es incapaz de llevarnos a la verdadera sabiduría por cuanto esta sólo puede provenir de Dios y muy pocos filósofos creen en él y mucho menos lo buscan.
Gracias a Dios que tenemos su palabra, la cual es muy efectiva para llevarnos al verdadero conocimiento y la perfecta sabiduría.
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Archivado en: Reflexiones | Etiquetas: ayuda, bendiciones, bienestar, calidad, David, fama, justicia, prosperidad, riqueza, Salmo 27
Que su nombre perdure para siempre;
que su fama permanezca como el sol.
Que en su nombre las naciones
se bendigan unas a otras;
que todas ellas lo proclamen dichoso.
Salmos 72:17
Aunque a primera vista este salmo del Rey David luce como una solicitud de fama, bienestar, riqueza y prosperidad; en realidad él está simplemente pidiendo lo que por justicia le corresponde.
Como rey, David tiene una gran responsabilidad, la cual es gobernar al pueblo de Dios con justicia y autoridad. Es Dios quien exigirá de él la rendición de cuentas que debe presentar por el uso que haya hecho de los privilegios y beneficios que conlleva dicho nombramiento.
David se acerca a su Señor para reclamar la ayuda de Dios necesaria para vencer el difícil reto de gobernar a un pueblo rebelde y murmurador. Él simplemente se limita a exigir el éxito de su gestión administrativa y la bendición de sus súbditos.
Al igual que David, a nosotros Dios nos ha asignado tareas y responsabilidades cuyo cumplimiento conlleva retos y dificultades. Es sólo con su ayuda que podremos sacar adelante las tareas y cumplir los objetivos. No importa si eres el rey o el menor funcionario de la corte. Tienes una tarea que cumplir con unos estándares de calidad que alcanzar y no lo podrás hacer por ti mismo. Dios te dará todo lo que necesites para alcanzar el éxito pero debes acudir a él para que te lo conceda.











